¿Por qué nos “golpea” la altura?
Subís al micro en Salta y en pocas horas estás en Tilcara. Todo bien, hasta que al llegar… ¡zas!: dolor de cabeza, falta de aire y la panza amotinada. Bienvenidx al famoso mal de altura. No importa si sos deportista o turista de paseo: en la montaña todxs estamos en igualdad de condiciones.
¿Qué pasa con el aire en la montaña?
El aire en altura no es más “liviano” de manera poética, sino literal: hay menos oxígeno por cada bocanada. A nivel del mar respiras sin pensar, pero a medida que ascendes tu cuerpo tiene que hacer más esfuerzo para conseguir lo mismo.
- A 2.500 metros (Tilcara) el oxígeno ya empieza a escasear.
- A 3.500 metros (Cusco) muchos sienten mareo, dolor de cabeza o cansancio.
- A 5.000 metros (Cerro Vallecitos), respiras apenas la mitad de oxígeno que al nivel del mar.
¿Cómo reacciona tu cuerpo?
El organismo busca adaptarse, pero necesita tiempo. Por eso:
- Respiras más rápido: para compensar la falta de oxígeno.
- Tu corazón late fuerte: intenta bombear más sangre.
- Dormís peor: el cerebro está más alerta y cuesta descansar.
- Dolor de cabeza: al recibir menos oxígeno, los vasos sanguíneos del cerebro se dilatan, generando esa presión molesta en la frente o sienes.
- Panza revuelta: la digestión se vuelve más lenta en altura, y con menos oxígeno los órganos funcionan con menor eficiencia. Esto puede causar náuseas, falta de apetito o sensación de estómago pesado.
- La mente también juega: No solo el cuerpo protesta, la mente puede sentirse confundida, ansiosa o de mal humor. Es normal, y podes hacer cosas al respecto:
En la mayoría de los casos, los síntomas son leves y se alivian descansando o descendiendo. Pero si subimos demasiado rápido, el riesgo aumenta y pueden aparecer complicaciones más serias como un edema pulmonar o cerebral.
Cómo prepararnos para la altura
La paciencia es la primera regla de la montaña. Subir rápido pensando “llego antes” suele ser un error. El cuerpo necesita tiempo para adaptarse, como cuando entras a una fiesta y la música te parece insoportable, hasta que al rato ya la toleras.
- Subí despacio: un buen plan de aclimatación incluye la exposición gradual a la altura.
- Movete despacio y evita movimientos bruscos.
- Hidratate: el aire seco deshidrata antes de que te des cuenta.
- Come liviano y frecuente: la panza trabaja mejor con poco y seguido.
- Compartí lo que sentís: con tu grupo o guías.
- Descansa: dormir recupera energía mental y física.
En resumen
El mal de altura no distingue entre deportistas o principiantes: todos podemos sentirlo. Lo importante es subir con calma, darle tiempo al cuerpo y prestar atención a las señales.
Con respeto por la montaña y buena preparación, la experiencia a gran altitud puede ser inolvidable, segura y mucho más disfrutable.


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